Cinco Meses Sin Golf

Soy golfista de fin de semana. Lastima que no soy un gran jugador pero me gusta mucho jugar. Y esa pasión se quedó interrumpida por la cuarentena eterna decretada cuando había solo quinientos dieciocho contagiados en el país. ¿No hubiera sido más eficiente rastrear esos poco más de quinientos que encerrar a cuarenta y cinco millones por tanto tiempo? 

¡Pará! Esta es una nota de golf, no de política o de salud pública. 

Acabo de pasar cinco meses sin jugar, sin practicar y casi el mismo tiempo sin pisar el pasto. Les confeso que, por nostalgia, en algunos pocos días durante la cuarentena agarré un palo corto y probé el grip. Ni pensar de probar un swing porque no tengo el espacio en el departamento. Hasta intenté hacer swing con palo en el balcón pero pronto de di cuenta que el resultado sería una de dos posibilidades: destrozaría el techo del balcón o, peor, destrozaría mi palo. Así que ¡no! El único contacto con el golf durante todo ese tiempo fueron unas cortas y efímeras practicas de putting en la alfombra de mi dormitorio. Bueno, y algunos videos instructivos también pero esos no los tengo en cuenta porque no movía mi cuerpo mientras los miraba.  

Pero, finalmente, ¡llegó el día! 

Con la liberación de los deportes individuales en la ciudad de Buenos Aires este 17 de agosto de 2020, me anoté para ir al driving range a practicar. Saqué el turno para el primer horario disponible, a las 8 de la mañana, llamé por teléfono, entré en la pagina, me bajé una aplicación, es decir, cumplí con todos los pasos que nunca fueron necesarios para ir a tirar unas pelotas desde una gatera. Increíble, ¿no? ¿Cómo puede ser que la complicamos tanto? 

Quince minutos antes de mi turno ya estaba casi llegando al driving cuando me doy cuenta que había varios jugadores más ansiosos que yo y, por lo tanto, ya había una larga fila de autos para entrar en el estacionamiento que todavía estaba cerrado. ¿Cerrado? ¿No entienden esos empleados que hay una demanda reprimida, y muy reprimida, que quiere ir a practicar? ¿Por qué no llegaron más temprano? 

Cuando finalmente logré entrar y estacionar el Peugeot, cambiarme los zapatos y bajar el bolso de palos del baúl, me tuve que poner en otra fila, ahora para pagar y recibir el canasto de pelotas. Bueno, para hacerla corta, logré llegar a la gatera, que no era la misma de la reserva, eso de las casi ocho y veinte. ¿La puntualidad? No, ¡ni hablar!

Soy de aquellas personas en las que el golf despierta una enorme fascinación desde lo físico y desde lo mental. Por eso busco concentrarme en mi swing cada vez que voy a practicar. Empecé con un palo corto, un Pitch, y con un backswing corto también para entrar en juego. Les confieso que los primeros resultados me llevaron pronto a cuestionarme si ese era el mejor día para volver al golf. A mí, los malos swings despiertan un proceso mental de atención a las emociones y las técnicas antes y durante cada golpe. 

Desde abajo hacia arriba, pensé primero en mis pies. ¿Estaban separados por una distancia similar a mi ancho de hombros? ¿Sentía el peso más en los nudillos que en los talones? Para sofisticar un poco más, me ocupé de pararme en el stance sintiendo más peso en la parte de adentro del pié derecho para poder volver más fácil del backswing. 

La cosa empezó a mejorar un poco. 

Cuidé entonces de las rodillas para no tener tensión en esa parte del cuerpo y de tener la flexión adecuada. Luego pasé a la cadera. Tenía que estar relajada la zona de la cadera sintiendo la flexión a la altura de las cabezas de los fémur. La espalda, que tanto sufrimiento me ha brindado a lo largo de la vida por las hernias de disco que tuve, debería estar recta para permitirme girar. La verdad que no puedo girar si mi espada está curvada hacia adelante.  

Bueno, las pelotas empezaron a volar. No exactamente en la dirección que yo quería pero empezaron a alzar vuelo, lo que no es poco.

Pasé a los brazos y el grip. Soy un fanático del brazo izquierdo estirado durante todo el swing. Por eso, el brazo derecho tiene que estar relajado para acompañar. Eso no se logra si el grip de la mano derecha está muy apretado. ¿Cómo están los dedos de la mano de derecha? Sí, con un agarre suave en el palo. ¿Y los dedos de la mano izquierda? Ellos llevan el palo con un agarre firme pero sin tensión. Es difícil de explicar pero los golfistas seguro que conocen esa sensación. Me concentré entonces en pasar los hombros y llegar al límite del backswing antes de descargar.  

¡Uau! Lindo vuelo con larga distancia y buena dirección. 

¿Listo? ¡No! Hay que poder repetir ese tiro maravilloso.

El intento de repetición, bueno, fue solo un intento. Tuve que empezar de vuelta desde los pies pero no quiero aburrirlos con todo de nuevo. Agregué la atención a la transferencia de peso. Para un lado y para el otro. En el backswing se siente el peso en el pie derecho y, luego, se termina con el peso en el pie izquierdo. Las manos sienten el palo todo el tiempo. Los ojos miran a la pelota para mantener la cabeza en la posición durante todo el barrido. ¡Casi me olvido que, antes de empezar el golpe, hay que respirar y sacar el aire que está abajo del estómago!

¡Listo! ¡Ahora sí! ¡Un lindo tiro! Con larga distancia y muy buena dirección. 

Ahora puedo repetir los buenos golpes con todas las pelotas que me quedan en el canasto de cien. Hago de cuenta de restar y veo que recuperar mi swing me costó noventa y seis pelotas. Bueno, por lo menos tengo cuatro pelotas para practicar bien.  

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