Un Día en el Futuro

Hace poco tiempo, dicté un curso sobre las Oportunidades de Negocios de la Revolución Industrial 4.0 y también presenté algunas charlas cortas sobre el mismo tema. Como todo fue de forma presencial, claro que el curso y las charlas fueron antes de la cuarentena, así que es muy posible que hace más tiempo de lo que puedo darme cuenta. 

Lo que importa para esta nota es que estuve revisando el material que desarrollé para el curso y las charlas, todo muy centrado en las nuevas tecnologías que están moldeando nuestras vidas ya, hoy, y van a seguir profundizando sus influencias en nuestro comportamiento, nuestros negocios, nuestras relaciones humanas y hasta en la forma como uno piensa y resuelve problemas. 

Dediqué muchas horas a la revisión y actualización del contenido que desarrollé, visualizando en mi cabeza los cambios que se vienen. Me fui a dormir pensando en lo interesante que es el tema, en cuántas personas están hoy, en todo el mundo, estudiando e implementando cosas con Inteligencia Artificial, Impresión 3D, Realidad Aumentada, Blockchain, Vehículos Autónomos e Internet de las Cosas. 

Me desperté cuando sonó el despertador. Había algo raro porque siempre uso mi iPhone como despertador que toca una música suave para ayudarme a empezar el día. Bueno, ¡no! De esta vez el despertador sonó con otro tono y, ni bien me desperté, me habló para desearme un buen día y me dio un reporte de cuantas horas me había dormido, cómo estaba el tiempo afuera y cuál era la temperatura prevista para el día. Me estaba por ponerme las chinelas cuando, automaticamente, los vidrios de la ventana fueran gradativamente incrementando su transparencia para dejarme ver un lindo amanecer y, la la vez, dándome tiempo para que mis ojos se pudieran acostumbrar con la luz de afuera. 

Como me encanta el desayuno, empecé a dar mis pasos hacia la cocina. Me di cuenta que el piso de la casa estaba cambiado. Era más claro y completamente limpio. Pude ver en un rincón de la pieza que una pequeña aspiradora robot estaba por completar su trabajo en un silencio casi absoluto. Cuando llegué a la mesa, que ya estaba puesta de forma impecable, me di cuenta que la maquina de frutas ya había pelado el kiwi que me tocaba comer, de acuerdo a mi dieta programada. La máquina de café ya me invitaba con un rico aroma que se mezclaba al aroma de la tostada y de los huevos revueltos que salían automáticamente de la cocina. 

Mi asistente me contaba las principales noticias del día y proyectaba las imágenes de las mismas en una pantalla bien disimulada en la pared del comedor. Vale aclarar que mi asistente no era una persona sino un pequeño cilindro sobre la mesa que podía escuchar hasta mi respiración y medir mi presión arterial mientras me contaba lo que pasaba en el mundo y también en las colonias de la luna. Cuando terminó su relato, le pedí un poco de silencio para poder digerir no solamente el rico desayuno sino toda la situación, inesperada para mí, de estar sumergido en un mundo tan tecnológico. Ella prontamente atendió a mi pedido y, lo que era una pantalla de televisión, volvió a ser una pared con un cuadro de arte moderno. 

¡Lástima que el silencio duró poco! Mi pensamiento se interrumpió por un súbito dolor en una muela. Claro que mi asistente, con su inteligencia artificial desarrollada con tecnología Deep Learning, analizó en fracciones de segundo la imagen de mi movimiento de cuerpo y de mano y concluyó que yo necesitaba un tratamiento de conducto y una corona nueva. Lo increíble es que no me lo dijo de esa forma. Me dijo directamente que me había acabado de agendar una cita con el odontólogo y que yo tenía que estar en su consultorio en cuarenta minutos. Ni me animé a preguntarle sobre la cuarentena porque estaba seguro que ya se había terminado. Por ahí se había terminado justo en el día anterior, por suerte. 

El doctor se puso las antiparras de realidad aumentada y, sin moverse de su escritorio, comandó los aparatos de la silla odontológica para sacarme un molde de mi muela enferma. En menos de un segundo sentí un pequeño pinchazo en la encía y ya no sentía nada en la región. Un corto tiempo más y escuché un ruido de corte y un trabajo rápido de tratamiento de conducto. Pero no había nadie cerca mío, todo lo hacía el odontólogo desde su silla. Luego entró caminando en el consultorio una asistente con una cajita en la que ya estaba lista la prótesis de mi muela, la corona, recién hecha a la perfección por una impresora 3D con resinas ultra resistentes. Por la posición que tenía mi cabeza, no me alcanzó a ver si la asistente era humana o no, pero en aquél momento ya no me iría hacer mucha diferencia. Sé que caminaba y hablaba como humana, pero eso ya no era garantía de nada. 

En pocos minutos, se terminó el tratamiento y el doctor me dijo el precio. Le contesté que pagaría en efectivo pero él no me entendió, me dijo que no sabía de que yo estaba hablando y me pidió que mirara a un pequeño aparato y simplemente dijera el precio que me había dicho. Entendí que los algoritmos, usando la seguridad de la tecnología blockchain, me habían identificado por mi ojo y procedido la transferencia de mi cuenta a la cuenta de él. 

No tuve que tocar nada en el ascensor y pronto ya estaba en la puerta del edificio. En no más de tres segundos, mi auto me pasó a buscar y tuve la enorme felicidad de ver que Diana ya estaba en el asiento de pasajero. Me subí al asiento de conductor, como de costumbre, le di un beso y me di cuenta que no había volante ni pedales. Todavía no salía de mi sorpresa cuando ella me preguntó del tratamiento y me confesó que mi asistente ya la había avisado y también confirmado el compromiso que teníamos juntos, que se tuvo que correr quince minutos por el imprevisto. No le pregunté cómo se había hecho para cambiar el horario de la cita porque ya podía imaginar la respuesta: ¡La asistente! 

El auto nos dejó en la puerta de un edificio de oficinas y me dijo que iba a buscar un lugar para estacionar y esperar. No, no me lo dijo Diana, sino el auto. La abracé y le dije: “Si todo esto es un sueño, mejor seguir soñando”.

4 respuestas a “Un Día en el Futuro”

  1. Excelente lectura, entretenida, una mirada a un posible futuro que tal vez esta mas cerca de lo que pensamos.
    Saludos desde Perú

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